"Cuando los niƱos explotan"
- JuliƔn Dalbosco
- 5 ene 2023
- 3 min de lectura
Juampi tiene 12 aƱos y estĆ” terminando el primer aƱo. Es un chico alegre y tiene buenos amigos. Aunque en el colegio no le va mal, cuando no entiende un tema o tiene que estudiar para un examen, empieza a golpear, gritar, insultar y pelear, es como si āperdiera la cabezaā. La mamĆ” trata de contenerlo y de tranquilizarlo, pero no sabe quĆ© hacer.
āCuando se pone asĆ, no sĆ© quĆ© hacerā
āSe vuelve locoā
āLo hace para manipularmeā
āA veces yo me enojo peorā
ĀæQUĆ SON LAS EXPLOSIONES CONDUCTUALES?
El Manual Diagnóstico de los Trastornos Mentales (DSM-V) las define como arrebatos recurrentes que incluyen agresión verbal o fĆsica, contra una propiedad o persona, pero que no son premeditados ni buscan un objetivo tangible.
Generalmente, pueden manifestarse a modo de berrinche, gritos, insultos, golpes y otros tipos de agresiones.
ĀæQUĆ LOS PROVOCA?
La razón principal se debe a una falta de habilidades para resolver problemas o desafĆos. Es decir, que hay una reacción desmedida y desadaptativa cuando el niƱo no logra cumplir sus objetivos.
Cuando hablamos de habilidades, nos referimos especĆficamente a la tolerancia a la frustración, la flexibilidad y la capacidad de resolver problemas.
Se entiende por tolerancia a la frustración a la sensación insoportable que se tiene frente al no poder lograr un objetivo.
En cuanto a la flexibilidad se refiere a la capacidad que tiene un niƱo de pensar de otra manera, es decir, de ser necesario, poder cambiar su pensamiento a uno que sea mƔs adaptativo.
Por último, una habilidad necesaria es la capacidad que el niño tiene para resolver los problemas que se les plantean.
En conclusión, asà como hay niños que tienen habilidades mÔs desarrolladas en lo cognitivo o social, también hay otros niños que tienen un desarrollo mayor en el control de los impulsos.
Es muy importante entender que las explosiones son producto de un problema que no puede resolver, como puede ser la tarea escolar, un juego desafiante, arreglar algo roto, etc. En otras palabras, si no hubiera un problema o si lo pudiera resolver no habrĆa explosión. Por eso, se entiende que los niƱos no eligen āexplotarā, si pudieran resolver el problema o reaccionar bien, lo harĆan.
MITOS
Algunos de los comentarios que llegan al consultorio, tienen que ver con mitos o con creencias populares acerca de las explosiones.
Muchos padres o familiares creen que estas reacciones son un acto de āmanipulaciónā para conseguir lo que quieren. Lo que hay que entender es que el acto de manipulación requiere previsión y planeamiento, mientras que estas explosiones son espontĆ”neas y no estĆ”n premeditadas.
Otra creencia es que el niño busca atención, cuando en realidad su principal objetivo es resolver el problema que tiene delante.
Otras dos creencias tienen que ver con que el niƱo no estĆ” motivado o que sabe quĆ© es lo que tiene que hacer. Precisamente, las explosiones suceden por carecer de las habilidades necesarias. Nuevamente resaltamos que, si el niƱo pudiera reaccionar de manera efectiva, lo harĆa.
Por Ćŗltimo, hay una creencia que dice que estas explosiones suceden porque los padres lo permiten. En realidad, no es asĆ, ya que tanto los niƱos como los padres no quieren vincularse de esa manera.
ĀæQUĆ PODEMOS HACER?
Lo primero que tenemos que hacer es observar y contextualizar. Toda explosión tiene un momento y un lugar caracterĆstico. Por eso debemos hacernos las siguientes preguntas: quiĆ©n, quĆ©, dónde, cuĆ”ndo y por quĆ©, y asĆ ver cuĆ”les son las condiciones.
Luego, se empieza un āproceso de colaboraciónā entre el niƱo y el padre que se divide en tres pasos: empatĆa, definir el problema y proponer alternativas (EPA).
En el primer paso, se busca acumular información para comprender mejor cuĆ”les son sus preocupaciones. Las preocupaciones de los niƱos son igual de legĆtimas que las de los adultos.
En el segundo paso, definir el problema. El objetivo es lograr que tanto la preocupación del niño como la del adulto sean manifestadas y que se busque una solución en conjunto.
En el último paso, se debe hacer un intercambio de ideas en donde se busquen posibles soluciones. El niño tiene que entender que se trata de un proceso colaborativo entre ambos.
La principal dificultad que puede presentar este proceso es la prueba del tiempo. Es decir, que si el proceso funciona, su dificultad radica en que pueda ser sostenible en el tiempo; si no funcionó, hay que entender que estos procesos pueden necesitar de múltiples intentos, por eso se recomienda que se empiece con problemas menores y que se refuercen los logros.
Por último, durante la explosión del niño, las personas que estÔn a su alrededor deben dejar de prestarle atención y no hablarle hasta que se tranquilice, porque cualquier intento de tranquilizarlo puede ser reforzante y contraproducente, incluso hasta producir una escalada.